sábado, diciembre 10, 2011

En Trimcomalee






En estos momentos lo único que oigo es el sonido de las olas del mar y el graznido de los cuervos. Están pegándose por las sobras de papaya que les hemos tirado.

Por no haber, aquí no hay nada, excepto un par de guesthouses desperdigadas, un pequeño hotel de lujo prácticamente desértico, y un montón de vacas en la playa. Las aguas están transparentes, azul verdosas, pero la marea trae basura, ropa, alguna botella de plástico, que se amontona junto a la mierda de vaca en la orilla. Las partes que están en frente de las guesthouses están limpias porque la gente de aquí se encarga de ello, pero pasear por la playa da un poco de pena en ciertos lugares.

Y es que aquí la playa es un medio para ganarse la vida, salír a pescar, beber, guardar los botes y ese tipo de cosas. Nadie lo ve como un lugar de recreo que haya que mantener libre de mierda. Eso tiene parte de encanto, porque todo está virgen. No hay chiringuitos, no hay tumbonas ni sombrillas. Solo la playa y el ruido de las olas 24 horas al día. Para comer, básicamente arroz y fideos. Ayer quisimos pollo, pero no tenían. Algo de pescado, sí.

Vinimos a probar la playa de Uppuveli, en Trimcomalee, después de pasar por Anuradhapura, y ver las ruinas en bici. Me encantó, pero el viaje fue una tortura. Tuvimos que coger tres autobuses y el último estaba a reventar y seguía subiendo gente. Qué agobio.

La guesthouse está que se cae a cachos. Es temporada baja y esto está un poco desangelado. Aunque en temporada alta no creo que haya mucha más gente, más que nada porque no habría sitio para dormir. Aquí hay cuatro guesthouses, contadas, con 5 habitaciones cada una.

Aquí no hay mucho que hacer: pasear, bañarse en la playa, tomar el sol, leer, ver la puesta de sol... relax total.


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