domingo, mayo 12, 2013

En el desierto: Merzouga y Erg Chebbi

Una cosa que hicimos y que hay que procurar no hacer es contratar una excursión en las grandes ciudades porque te clavan mogollón. Y mucho menos cuando se acaba de llegar al país. Pero bueno, la cosa salió así y en Fez contratamos la excursión al desierto a un chico que decía que su familia era bereber.

El chico, dicha sea verdad, se desvivió por nosotras y hasta nos fue a comprar los billetes de autobús para el día siguiente. También nos hizo de guía por Fez y visitamos sitios muy chulos gracias a él.

Ahora, vista la cara angulosa y atractiva de los beréberes, y esos ojos tan profundos, veo que tenía de beréber lo que yo de sueca. Al final, aunque un poco cara, no nos salió tan mal la cosa y fue una experiencia muy bonita.

La cuestión es que llegamos a Rissani en el bus nocturno, a las 6 am y nos vino a buscar un tal Ismael. El Ismael sólo apareció para trincar la pasta y nos dejó con otro chico muy amable pero que no hablaba ni papa de español y francés, lo justo.

Rissani es una ciudad donde antiguamente confluían varias rutas comerciales y está situada a la entrada del desierto Erg Chebbi, a donde nos dirigíamos. Es caótica, sucia, y polvorienta. Sus habitantes están chapados a la antigua, es decir, musulmanes estrictos, y como viven del turismo, tienes esa sensación familiar de que cada vez que te miran a la cara ven un billete de 50 euros.

Ahora, os voy a soltar los típicos consejos gratuitos pero que os van a venir bien si caéis por aquí. Si vienen a daros la brasa, "la, shukran", no gracias. Pueden ponerse muy pesados o incluso agresivos. A mí me han llegado a escupir y a decirme que me vaya a mi país por pasar de un guía pesado. No entréis al trapo, pasad del tema. No contestéis a sus preguntas, porque cuanto más bola les deis, más difícil será cortar después. Ni de dónde sois, ni dónde os alojáis, ni a dónde vais, ni en qué currais. Lo mejor es hacerse la sueca. Hablarles en euskera también funciona porque no pillan el acento y se quedan cortados.

Por supuesto, esto cambia en otras zonas del país pero Rissani es dura. La ciudad en sí no tiene mucha historia: un mercado curioso de ver, algún edificio decrépito que conoció tiempos mejores... No está mal para dar un voltio pero nada más.

De Rissani nos fuimos en un todo terreno hasta el desierto, y nos dejaron descansar en una habitación de albergue sin lujos pero agradable. Después del viaje, que va parando por todos los pueblos habidos u por haber, durmimos como marmotas xD

Esa misma tarde fuimos en camello con otros dos españoles que se alojaban con nosotras hasta adentrarnos en un pequeño... -no sé definirlo... poblado? - en el Erg Chebbi. No había nada: un pozo, cuatro cabras, una madre con tropecientos niños, y cinco jaimas. Nada más. Ah, y una gatita súper joven con una camada de gatitos.

Me impresionó el hecho de que no hubiera nada más. Yo me esperaba un resort de vacaciones con camellos y tal y una horda de turistas que se pegaran por ver de cerca a la bailarina de danza del vientre. Pero no. Fue todo muy simple. No había nadie (que pudieramos ver u oir). Comimos cuscús preparado por el guía, vimos las estrellas, hablamos un rato, y en seguida a dormir, que a las 4 am había que ver amanecer.

A la mañana siguiente, nos levantamos prontísimo para que nos diera tiempo a subir a una duna y ver amanecer. Nos costó un huevo trepar por la arena, pero fue genial ver como los tonos del desierto van cambiando a medida que sale el sol.

Después, volvimos en camello y nos dieron el desayuno de los campeones. Y de allí, nos dirigimos al valle del Dadés. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.










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