martes, junio 04, 2013

El Ikea: tecnología de Star Treck



Vengo de pasar la tarde en el Ikea. Y es que Ikea me alucina. Por una parte, por esa capacidad que tiene de plegar el espacio-tiempo, de tal forma que lo que en principio iba a ser media hora se convierta en tres, o cuatro. O a veces, hasta cinco horas. Usan tecnología ultrasecreta militar, os lo digo yo.

Pero no hay que preocuparse. Para que esta dulce cárcel sin barrotes no parezca tal, si te entra hambre, tienes restaurante. Si te meas, hay baños. Si quieres descansar, basta con sentarse en cualquier sofá de la exposición. Ya ves, puedes salir cuando quieras. ¡Pero no lo haces! ¿Por qué? Porque estás más atrapado que el prota de The Cube.

El asunto es que no te dicen simplemente "no te vayas". Te ponen trabas, y te sientes como los carritos del super cuando tropiezas contra los estantes. ¿Os habéis fijado que es imposible caminar en línea recta? Toda la exposición es como una carretera sinuosa en la que, cuando hay mucha gente, no sabes si mirar muebles o hacer el tren chuchú. Y si te propones salir, no sabes por dónde. Cuando la misma combinación Besta turquesa se te hace familiar, ya es tarde: es la tercera vez que pasas por allí.

Y cuando tomas la firme determinación de salir, por mis cojones, me voy, "ay, mira, los edredones estos tan monos están de oferta... uy, que yo me iba... ah, ¡tres bombillas de bajo consumo por el precio de dos! ... venga, que nos vamos... pero vaya marcos tan monos... joder, me voy ya que tengo un hambre... ¡Hostias! Codillo con patatas por 7,50!! Si ya decía yo que huele de bien... " Y para cuando te quieres dar cuenta, escuchas por megafonía "señores clientes, les recordamos que este establecimiento cerrará sus puertas en 15 minutos". Hala, a correr para pagar. Y te dan las 10, por pringao.

Ese solo es  uno de los talentos del Ikea. Pero hay más. Porque, como ya os he dicho que pueden manipular el espacio-tiempo, tienen la capacidad de hacer que tu piso de 35 metros cuadrados se convierta en uno de tres habitaciones con salón comedor y, en el balcón, le sacan un aseo. Así, por la face. Tan sólo poniendo cuatro estores por aquí, un biombo por allá y una maceta que hace de taza de water y alcachofa de la ducha a la vez. Y con un panel japonés, te sacan hasta cuarto de la plancha. Chupao. Joder, ¿y por qué no se me ha ocurrido antes? ¡Porque no estabas en el Ikea!

Así que a mí me encanta. Y cada vez que voy, le saco más talentos ocultos. Ahora estoy en una nueva fase. Yo creo Ikea te da la oportunidad profundizar en el autoconocimiento. Sí, sí, sirve para conocer dónde está tu límite. Tu límite de mandarlo todo al carajo cuando no hay quien monte el puto mueble que te has comprado. Por si fuera poco cogerlo del estante, subirlo al carrito, acoplarlo en el coche,  y llevarlo a casa...

Menos mal que ya tengo un par de voluntarios para ayudarme con el armario, que sí no, apaga y vámonos. Y por hoy este es el resumen de mis investigaciones. Pero no pararán ahí... ;)

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