domingo, septiembre 15, 2013

Heridas de guerra


Scar by ~SickDeviant on deviantART


Estoy viendo Homeland y me he puesto a pensar. Pensar, sí. A veces pasa. Pensar en la gente que conozco que ha sido torturada, que gracias a dios, no son muchos. En cómo lo han llevado, algunos mejor que otros, y siguen saliendo adelante y llevando una vida normal. En cómo algunos han perdonado a sus torturadores, incluso han llegado a sacar un aprendizaje de ello, y otros no. Pensar en su corazón y en la misericordia que deben tener dentro. Y pensar en las cicatrices que llevamos cada uno de nosotros.

Todos llevamos cicatrices. Algunas se ven, y otras no. Algunas nos las hacen los demás y otras veces, nosotros mismos. Las "superficiales" son más fáciles de aceptar, porque se ven y son obvias. No podemos negarlas porque están ahí. Puede ser un accidente o una enfermedad que nos marca para siempre y nos mutila. Podemos perder la facultad de andar, o la vista. Y nadie puede decir que no ha pasado nada.

Sin embargo, las más dolorosas son aquellas cicatrices que llevamos por dentro, y que nos empeñamos en no ver. Ya sea por el trato con nuestros padres, algún trauma de la niñez, o una relación sentimental que han salido mal, arrastramos sentimientos totalmente inconscientes que llevan anquilosados años en nuestro interior y ya forman parte de "nosotros". De hecho, están tan arraigados que ni siquiera queremos sanarlos. Porque los asumimos como parte de nuestra identidad, y sin ellos, peligraría nuestro yo.

Porque decir "yo soy así" nos encanta. Hay que decirlo con la cabeza bien alta. Porque yo soy así, ¿qué más quieres? La respuesta está ahí mismo.

Lo complicado de este asunto, y que pocos se percatan, es saber realmente quién soy yo. Quién es ese yo con el que nos identificamos y que nos da miedo perder de vista.  Y también hay que afrontar el hecho de que la mayoría de las veces, el yo del que presumimos y el yo que somos realmente no van parejos. Nos creemos nuestra propia peli de "yo soy así" hasta el punto de dar miedo.

Y ahí es donde entra el camino del autoconocimiento. Para cualquiera que se atreva a asumir las consecuencias, encontrará apasionante ir quitando capas a ese yo hasta llegar al corazón de la cebolla, si es que puede. O, por lo menos, intentarlo. Solo hace falta curiosidad y capacidad de aceptación. Y, mientras se recorre ese camino, la vida va cambiando y haciéndose cada vez más interesante.







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