miércoles, octubre 23, 2013

Infidelidades




Hoy me gustaría discutir un tema que a la mayoría de la gente le pone los pelos de punta. La fidelidad de la pareja.

He de decir que, respecto a ello, yo he cambiado bastante de opinión de hace unos años para aquí. Antes yo era super radical y pensar que mi pareja me había sido infiel ya era cuestión de ruptura sin analizar nada más. Tampoco podía soportar el hecho de estar en una relación "abierta" y pensar que, en otro momento, cuando no estuviera conmigo, esa persona podría estar con alguien más.

Ahora ya todo me da un poco más igual. No creo que todo sea blanco o negro, y que, según la circunstancia, que mi pareja tenga sexo con otra persona no es el fin del mundo. Cuando esto se lo cuento a mis amigas, no me creen. Me dicen que me estoy echando un farol y que no puedo ser de piedra. Allá ellas. Yo creo que podría estar enamorada de alguien -en pareja o no- e irme a la cama con otro. Y quien no lo haya hecho, que levante la mano.

Es una situación muy común que los sentimientos no vayan a la par que nuestra actividad sexual. Y, para mí, los sentimientos lo son todo. Lo que llevaría fatal es el hecho de estar saliendo con alguien y saber que él se pasa el día pensando en otra. Y fijaos que he dicho pensando, y no follando. En mi caso, nunca he sido infiel, por lo menos, técnicamente.

Cuando tu pareja está constantemente pensando en otra persona, se mensajea con ella, y siente la necesidad de quedar con ella a todas horas, ¿eso es infidelidad? Para mí, sí. Incluso sin que haya nada físico. Es una infidelidad que se vive como una relación platónica disfrazada de amistad para evadirse de la culpa que eso conlleva.  Porque nuestra moral se queda "a gusto" con el mero hecho de reprimir nuestros deseos de tocarnos, de acariciarnos, y de ir más allá, que dejamos guardados en un cajón de nuestra alma. Se quedá ahí y nadie habla de ello. Todo es políticamente correcto. Todo es lícito. Está dentro de las reglas. Lo que no se ve, no existe.

Y ese tipo de relación no es justa. Porque no es simplemente camaradería y buen rollo. Y no hace falta conformarse con esa amistad emponzoñada de represión. Fuera las medias tintas. El hecho de no consumar la infidelidad no cambia la situación de que ahí hay algo que falla y que se está pasando por alto, por miedo a cambiar una situación en la que nos sentimos cómodos. Como diría una amiga, hay mucha gente que anda por ahí con gafas de madera, tan apoltronada en su vida que no es capaz de asumir que esta empieza a chirriar.

Sin embargo, me quedaría sin dedos si empiezo a contar cuánta gente que conozco hay en esta situación. Llevan años perdiéndose la sal de la vida, viviendo a medio gas, en un entorno en el que se sienten seguros porque lo tienen todo controlado... hasta que dejan de tenerlo. Igual no pasa nunca, pero, por experiencia, pasa más a menudo de lo que los demás llegamos a conocer.

Lo bueno aquí es que, siguiendo la tónica que han llevado el resto de sus vidas, pueden seguir fingiendo que no ha pasado nada y que son muy felices en sus relaciones respectivas. Nunca falla. El sábado al monte y el domingo de pintxos con los críos.

En mi caso, prefiero ser sincera conmigo misma y asumir las consecuencias de mis actos. Esa es mi forma de ver la vida, mi forma de vivirla plénamente, y mi forma de disfrutar. Y por el camino se quedará lo que se tenga que quedar.



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