domingo, diciembre 15, 2013

Despertar



Por fin ha amainado la tormenta. Huele a mar y la arena tibia me acaricia la piel. Estoy desnuda. Ha debido arrastrarme la corriente. 

Abro los ojos. El sol es tan brillante que me cuesta ver. No hay nadie más; la playa está desierta, pero no me siento sola. Me revuelco como un perro feliz, sintiendo el calor de la arena en todo mi cuerpo como un cálido abrazo. Me hace cosquillas. 

Me levanto y camino hacia el mar. Disfruto de cada pisada con la ilusión de la primera vez. Camino en círculos, salto y bailo con las manos mirando al cielo.

Hundo los pies y dejo que las olas me laman los dedos con suavidad. Me siento y escucho su batir como un arrullo. 

Tras juguetear un rato con el mar, echo a andar tierra adentro. No sé qué encontraré una vez de que pase las dunas del final de la playa, pero me muero de ganas por descubrirlo. 


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