viernes, febrero 28, 2014

Oh, hijo de Kunti





"¡Oh, hijo de Kunti! Yo soy sabor en las aguas, refulgencia en sol y luna, palabra de poder en los vedas, sonido en el éter y virilidad en los hombres. Yo soy pura fragancia en las tierras y fulgor en el fuego. Yo soy vida en todos los seres y austeridad en los ascetas".

Quién iba a decirme a mí, cuando tenía seis años y jugaba con un libro llamado Mahabharata, que un día iba a memorizar una de sus estrofras. Lo recuerdo porque yo acababa de empezar a leer y echaba mano de la colección de casa para practicar. Recuerdo que estaba detrás del sillón donde mi abuela solía pegar cabezadas, aunque decía que veía la tele.  Recuerdo la portada, unos extraños dibujos muy decorados de unos guerreros a caballo, enmarcados en un fondo azul eléctrico. Pero lo mejor era lo de dentro. Porque, entre las miles de frases incompresibles para mí en aquella época, había otras que ni siquiera podía leer. Y me quedaba rato mirándolas y preguntándome si habría alguien en la tierra capaz de leerlas. Posteriormente me mudé, y aquel libro que compró mi abuelo se perdió en el Agujero de las Cosas Perdidas, junto a otros muchos.

Curiosamente, el Bagavad Guita volvió a caer en mis manos hace relativamente poco, cuando una amiga me lo regaló por sorpresa y me dijo "Léelo. Creo que te gustará". Ahora lo tengo bien localizado, en la tercera balda de la izquierda, empezando por abajo, de la estantería del salón.

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