domingo, abril 13, 2014

Sapa

Ayer, después de hacer un poco de bici por el parque nacional de Cat Ba, volvimos a Hanoi para coger un tren nocturno a Lao Cai, puesto fronterizo con China. Nuestro interés no radicaba en ver la ciudad, sino en ir a Sapa y ver las tribus indígenas de la zona.

Cuando llegamos, tuvimos sentimientos encontrados. Sapa era un pueblito lleno de hoteles y tiendas Northface para turistas, con cafés a tres dólares y salas de masajes. Un poco como Pokhara en Nepal, pero a lo bestia. 

Habíamos encargado un trekking light de un día por las aldeas de alrededor, que resultó ser un paseo por el monte, en plan procesión, que terminó en un "poblado" que lo único que tenía era tiendas de artesanía a precios desorbitados.

Con esto os puede parecer que la experiencia no mereció la pena. La verdad es que me gustó mucho. No toda la parafernalia del pueblo, sino el hecho de poder encontrar a tres H'mon que hablaban inglés, y pasar con ellas y con sus bebés el día charlando. Que me hablaran de su escuela, de su familia, de cómo hacían de guías para ganarse la vida. De cuándo se casó a los16 y tuvo que mudarse a casa de sus suegros. Del hecho de que trabajar la hacía sentirse independiente y le daba seguridad. 

Nos contó que no compráramos pulseritas a los niños para que no dejaran de ir a la escuela. Que ellos eran un pueblo orgulloso y que todo el dinero lo ganaban por ellos mismos. Y es cierto, no vi a nadie pidiendo. Vendiendo, sí, pero pidiendo, no.

Jugamos un rato con la pequeña Mai y con la réplica de Koldo en miniatura xD Y las demás mujeres venían con nosotras a contarnos su vida. Hacían chistes y bromas en su inglés chapurreado que aprenden de oído de los turistas. Eso fue lo mejor de todo. Eso y las vistas impresionantes de los arrozales. 

Y, para eso, hay que pagar. Porque es la forma en la que ellos comer todos los días. Por eso, cuando vino Chu, de 18 añitos y madre de Mai, a venderme un bolso que decía que había hecho ella y me cobró 10 dólares, ni regateé. No sé si el bolso lo había hecho ella, ni sé si de verdad es artesanal o comprado de China. Pero sé que, después de pasar un día con nosotras trotando por el monte con su bebé a cuestas, se lo había ganado. 

Mucha gente no entiende que viven de ello, que han permitido que los turistas invadan sus tierras para poder tener electricidad, una escuela y comer todos los días. Ka, la guía, me contaba que el gobierno vietnamita les obliga a construir baños, comedores y todo tipo de confort para turistas para permitirles seguir haciendo de guías. Decía que su paisaje está cambiando, pero que lo aceptan para poder vivir. Decía que hace muchos años eran tan pobres que a veces no tenían ni qué comer. Y que también es un medio de vida para la mujer, ya que, mientras los hombres trabajan la tierra, ellas hacen de guías o venden artesanía, lo que les da cierta independencia.

Así que poder interactuar con ellas, y ver lo francas y sinceras que fueron, me conmovió muchísimo. 

En resumen, mereció la pena. Es cierto que todo está cambiando, que es muy turístico, que las agencias y el gobierno vietnamita se aprovechan. Pero si nos ponemos en su lugar, para ellos es un paso hacia una vida mejor. Ahora todo depende de cómo evolucionen desde aquí. 





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